hotel. como en casa

“Cuando viajo por Europa paso bastante tiempo en la habitación del hotel, repasando la cultura local a través de los programas de televisión”

Barbara Probst Solomon

No cuesta imaginarlo si, como sucede en algunas ocasiones, los hoteles podrían ser un buen sustituto de nuestra vivienda. Se anhela al establecimiento hotelero no sólo por las vacaciones ya pasadas que nos hace recordar, sino también porque alguna que otra vez hallamos en ese lugar lo que extrañamos en nuestro propio hogar.

Conocida es la historia del pintor norteamericano A.Cole que ocupó una de las habitaciones del desaparecido Hotel Chelsea de Nueva York durante más de 35 años, toda una vida. Debía encontrarse allí como en casa.

La costumbre de viajar, tal y como la entendemos hoy día, comenzó a generalizarse desde su postura más turística a mediados del siglo XIX gracias a la propaganda que de sus campañas hacían los viajeros románticos. La imagen idealizada que transmitían a sus coetáneos mediante estampas, grabados o, posteriormente, postales que la mayoría de ocasiones idealizaban la realidad, acrecentó el interés hacia esos lugares tan cercanos y a la vez tan distantes. Las infraestructuras preexistentes y los medios de transporte favorecieron la promoción de una serie de alojamientos cuyos precedentes fueron los albergues o posadas. Ya a lo largo de la centuria y consagradas por el “Grand Tour”, se fijan las primeras rutas netamente turísticas, antecedentes de las actuales, cuyos destinos favoritos serán Italia, Francia, Paises Bajos y parte de Alemania incorporándose posteriormente España como destino exótico, siendo preferido con diferencia el primero de ellos.

Con la creación de los primeros destinos turísticos vinculados en su origen al turismo terapéutico (al que en los últimos años se ha regresado, con la oferta de resorts y hoteles con circuitos termales, balnearios, spa, etc) se perfeccionan las primigenias casas de hospedaje fomentándose la implantación de los primeros hoteles.

En su origen, la palabra hotel proviene de la francesa hôtel, con la que eran denominadas las viviendas de tipo particular con cierto carácter de palacio urbano popularizadas por la burguesía durante el Segundo Imperio. No es casual la relación entre ambos términos en base a la necesidad de ofrecer a los viajeros los servicios de una gran casa.

Actualmente, los hoteles se han convertido en la mejor demostración de las capacidades turísticas de un determinado destino así como en un escaparate de las últimas tendencias en arquitectura y en interiorismo. No es casual que muchos de los grandes estudios de arquitectura hayan diseñado si no la totalidad, algunas partes de él (Hotel Puerta América, http://silken-puertaamerica.hotel-rez.com a destacar la Space Club de Zaha Hadid o la Suite Ejecutiva  de Jean Nouvel). O que incluso en otras ocasiones, el hotel sustituya al propio destino, siendo como sucede en los últimos años, un reclamo para el viajero (Hotel Aire de Bárdenas, Tudela Navarra http://www.airedebardenas.com/ de los arquitectos lopez-rivera, http://www.lopez-rivera.com/proyectos/selected/hotelairedebardenas.html) situando en el mapa un nuevo destino turístico.

Si bien los hoteles en su origen nacieron en base a la necesidad de alojamiento en destinos considerados previamente, muchos de ellos son hoy en día bienes patrimoniales por méritos propios. Así sucede con la Tremont House de Boston, ya desaparecida, considerada como el primer hotel construido para tal fin en 1819, o los más cercanos, Victoria en Granada, objeto de una polémica y dilatada rehabilitación en su día, Alfonso XIII en Sevilla, Miramar en Málaga, etc. contándose a centenares.

Si en algunos casos, el uso hotelero ha solventado la necesidad de protección de un bien patrimonial, caso del plan de Paradores Nacionales; en muchas ocasiones, la intervención sobre edificios existentes aporta al establecimiento un carácter distintivo. Existen casos muy destacables por el diálogo bien resuelto entre la obra existente y la aportada.

Basado en el uso de materiales nobles: maderas, metales, tejidos, sistemas de iluminación bien estudiados, etc., se cuentan como numerosos los ejemplos de establecimientos tan interesantes por la arquitectura conservada como por la obra nueva inserta en ella. El Hotel Convento de Mave (http://www.elconventodemave.com/) del arquitecto José Castillo Oli (http://www.jesuscastillooli.com/) es uno de ellos. La intervención contemporánea de tendencia minimalista y oriental convive sin estridencias con la fábrica medieval románica del antiguo convento desamortizado.

En otras ocasiones, la necesidad de servicios de un equipamiento de estas características requiere la implantación de nuevos edificios, adosados o no, al preexistente (espectacular Hotel Hospes Palacio de los Patos, http://www.hospes.com/es/hotel-granada-palacio-patos/ del estudio L’equip (http://www.equip.com.es/inici.php) en colaboración con Hospes Design; tanto por la calidad espacial de la finca original como por la de la ampliación, un volumen rehundido con una celosía de alabastro translúcida bellísima.

El uso de una gama cromática como leit motiv de una propuesta hotelera es en muchas ocasiones motivo para que el empleo del color o la ausencia de él afiance su identidad. Así, el Hollmann Beletage de Viena (http://www. hollmann-beletage.es/) recurre a los tonos cálidos (anaranjados y marrones) en contrapunto con los blancos,  mediante el uso de vinilos decorativos de impresión o de corte así como de luminarias, tejidos, pavimentos, etc que abundan en dicha paleta de colores. En el otro extremo, la ausencia de una variedad tonal concreta refleja la necesidad de destacar otros elementos considerados de interés para el interior. El hotel El Palauet Living de Barcelona (http://www.eplivingbarcelona.es/ ) recurre a la gama de blancos, cremas y grises para aportar contemporaneidad a la riqueza decorativa de los ambientes modernistas del antiguo palacete. La asepsia ambiental y la multiplicidad de reflejos producida por las superficies cromadas o vidriadas de carpinterías, espejos o mamparas de cristal aportan sofisticación. Una buena iluminación hace el resto.

Hoteles balneario, de montaña, familiares, temáticos, boutique, con encanto, gastronómicos, vinícolas, de carretera, urbanos, etc. todos ellos reflejan cientos de formas diferentes de entender el espacio privado desde la óptica del viajero. Con mejor o peor fortuna, la democratización del turismo refleja la necesidad de que las tendencias en arquitectura e interiorismo estén a la última en estos recintos.

Ya se sabe, lo importante no es ir sino regresar.