carretería. revisando la calle

No quiero pecar de localista pero seguro que al leer lo que sigue podrás extrapolar lo que comentaremos a continuación a un entorno similar y más cercano a ti.

Acceso a Calle Carretería desde la Tribuna de los Pobres

Carretería es nuestra calle principal. No hay en esta declaración ánimo alguno de desmerecer a la que es principal calle de la ciudad por méritos propios, la de Larios, ni de arrebatarle su merecida denominación a la que durante casi un par de siglos fue la más reconocida arteria principal de la ciudad, la Alameda. Carretería es calle principal desde una perspectiva más personal: es la calle que recorro, atravieso, contemplo y critico casi diariamente porque para mí define lo que la ciudad en su conjunto representa. Si fuésemos capaces de colgar en un armario todos los “vestidos” que nos hemos ido inventado para ella, esta calle sería la que tendría el más grande de todos. Entenderás que como viandante diaria tengo todo el derecho del mundo a departir sobre ella, a hacer y deshacer mi opinión continuamente porque en cierto modo esa calle está hecha a mi medida. Si la ciudad como se dice (porque en ocasiones tiendo a dudarlo) es de todos, Carretería me pertenece por cercanía física y sentimental, aunque esté por supuesto dispuesta a compartirla.

Ya que el roce hace la amistad, Carretería sería parte de la familia.

 

Pero un familiar avejentado y malherido. No obstante, a pesar de achaques varios, suciedad y, en ocasiones, sucesos más que olvidables, la calle se mantiene en esencia porque su esqueleto es fuerte. Y eso le hace mantener su ventaja con respecto a otras calles. Cómo explicar, si no, su existencia de siglos.

Inmueble principios s.XX

Instituto Andaluz de la Juventud

Pinturas murales repuestas en una fachada de nueva construcción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Existe un fuerte temor por tocarla. Y casi por no hacerlo se está “dejando ir”. Da miedo en ocasiones pasar cerca de alguno de sus edificios por peligro de desprendimientos, da miedo a los transeúntes por la inseguridad que muestra a algunas horas del día, da miedo al conductor porque puede convertirse en una pesadilla recorrerla en coche por los atascos y nos da miedo, casi el peor de ellos, a nosotros mismos como ciudadanos, por no tener el suficiente arrojo para, de una manera decidida, intervenirla quirúrgicamente. La que fue frontera de la ciudad medieval  sigue en cierto modo conteniendo la acción y la potencia del centro turístico sin beneficiarse en absoluto de ello como si aún mantuviese bien elevadas sus murallas.

Y desde luego no sirven argumentos económicos para justificar una situación que bien podría solucionarse desde una participación activa.

Tramo intermedio de la vía. Edificios abandonados se alternan con otros en rehabilitación

Estado actual de algunos edificios

La imagen hablar por sí misma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carretería es una calle de oportunidades, no sólo por el estado actual que ofrece, convertida en circunvalación de la almendra histórica, sino por las ocasiones que presenta para convertirse en el espacio de asueto que todo urbanita requiere. Si al placer que ofrece como calle histórica ir levantando capa tras capa su historia velada para reconocer sus cicatrices, en definitiva su carácter, sumamos su condición de frontera urbana, un posible punto de partida para abordar su recuperación ya estaría bien definido.

Ruptura de alineaciones. Tramo de muralla recuperado

Desalineaciones de la calle. Espacios de oportunidad

Plaza de San Pedro de Alcántara en su encuentro con calle Álamos y Dos Aceras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vinculados sus extremos inicial y final con espacios de alta carga urbana, la Tribuna de los Pobres en uno de ellos y las calles Dos Aceras y Álamos, su situación empeora a medida que nos acercamos hacia su tramo intermedio, volviendo a recuperar un cierto optimismo en sus polos opuestos. La calle se extiende en pequeños vacíos que sin llegar a denominarse plazas ofrecen francos puntos de descanso. Así los vinculados a las murallas y la plaza de San Francisco, el encuentro entre las calles de Ollerías y Tejón y Rodríguez y, hacia su fin en la, eso sí, plaza de San Pedro de Alcántara.  Y otras calles que bien desembocan en ellas y cuyos nombres ya darían en sí mismos para un proyecto completo, muchas de ellas relacionadas con la idea de paso y testigos de sus antecedentes medievales: Postigo de Arance, Puerta de Antequera, Biedmas, Andrés Pérez, Gigantes, Molinillo del Aceite, Nosquera y las anteriormente mencionadas de Dos Aceras y Álamos. Con edificios destacables por su calidad y por su uso, algunos de ellos de muy bella factura, la calle sería en sí un lugar que merecería la pena revisar. Ahora que tanto se lleva la PARTICIPACIÓN CIUDADANA, qué mejor manera de aplicarla en una calle que con un poco más de atención podría salir airosamente de su letargo. Más allá de intervenciones basadas en “lo que valen las cosas” (pavimentos y mobiliario urbano, p.e.) y de la eterna dependencia en la promoción inmobiliaria como motivo único de revitalización, una intervención urbana efímera, bien estructurada, podría comenzar por reivindicar su merecida posición.

Y ojo que no hablo de efímero desde su carácter temporal, sino desde una perspectiva más desinhibida, respetuosa y cercana a lo festivo. Quizás de este modo, sus vecinos empezarían a reconocer en ella la calle que les pertenece.

Ya se sabe, en tiempos de escasez, buenas son las ideas…